domingo, 13 de abril de 2014

Brian Castaño

Este sábado (12 de Abril de 2014) Brian Castaño (6-0-0, 5KO) ganó una pelea que ni siquiera quedará en la anécdota. Un KOT2 contra Juan Cuellar que era absolutamente predecible y que refleja la total falta de equivalencias que hubo en el ring. Es evidente que por su talento Brian necesita desafíos más grandes. Previendo el fiasco que se avecinaba, llamativamente la empresa que lo promueve (OR promotions) sacó un comunicado antes de la pelea, en el cual reconocía las dificultades que tiene para encontrar rivales dignos para Castaño. La excusa es absurda: todos los superwelter y medianos del país o bien evitan a Castaño para no perder, o bien piden mucho dinero. Yo creo que el problema grande es que OR no quiere pagar lo que le piden, pues si lo hicieran, le sobrarían rivales. La pregunta que surge es por qué Rivero no quiere invertir en Brian Castaño. Porque está claro que si realmente esperan que Brian se convierta en una figura estelar del boxeo en el futuro, también suponen que el dinero volverá. Sin embargo, puerilmente, Rivero saca un comunicado diciendo que "traer un boxeador de afuera" sale por lo menos 10000 dólares ¿No los tiene? ¿No piensa que puede recuperarlos más adelante? Si se mira lo que gana un boxeador de Elite (como esperamos que algún día Brian lo sea), diez lucas verdes es una bicoca. Pero lo cierto es que el mezquino Rivero no quiere invertir en el desarrollo de Brian. Fiel a su estilo, está buscando el negocio en la corta, los retornos inmediatos. Y Brian hace peleas que no le sirven para nada y que solo suman para que los fanáticos del boxeo se decepcionen por verlo pelear contra nadie.
Ojalá Brian no se ate a este tipo que ha truncado o achatado la carrera de tantos cracks. Que no asuma compromisos duraderos con sus vampiros y busque su chance con otros promotores y, si es necesario, en otras tierras. Rivero es una piedra al cuello.

domingo, 6 de abril de 2014

Libros de boxeo: The undisputed Truth – Autobiografía de Mike Tyson





Para los que pertenecen a mi generación, la fama mundial de Mike Tyson bien podría ser un misterio: la mayoría de los que andamos por los 30 años éramos muy chicos en aquella segunda mitad de los años 80, en la cual “Iron” Mike destrozaba oponentes  y se convertía en el campeón mundial pesado más joven de la historia, unificando más tarde los tres cinturones entonces vigentes (AMB, CMB y FIB). La imagen de Tyson cambiaría mucho durante los años 90, prisión mediante, cuando sus escándalos dentro y fuera del ring – entre los que resalta su infame mordisco a Evander Hollyfield- dejarían ver una imagen que la prensa se encargaría de exaltar como bestial y repudiable . Tal vez el libro vale la pena inicialmente para deshacer esta imagen llena de prejuicios.  Se trata de una biografía escrita en un tono íntimo y desenfadado, plagada de argot afroamericano, en la que prácticamente se pueden escuchar los seseos y la voz aflautada de Tyson contando sus éxitos y sus tropiezos. Una infancia como la de millones de negros en los Estados Unidos, hijo de una familia disfuncional, con una madre desocupada producto de una crisis económica y un padre (probable padre) ausente, dependiendo en parte de lo que el estado aporta como planes de ayuda social y en gran parte de lo que la tentación del robo ofrece. Un Gavroche negro en el Brooklyn profundo, donde la droga es un destino sin escapatoria, la calle una academia del crimen y la violencia, y la policía está para acertar los tiros que las bandas rivales pudieran errar. Sobreviviente del azar, Mike llega a una prisión juvenil para encontrar el arte que le cambiaría la vida: un empleado del penal lo prueba sobre el ring y decide que este producto bruto sin la mínima formación boxística merece una chance con el legendario Cus D’amato. Con él – su mentor, su verdadero padre- Mike se convierte en un obsesivo del entrenamiento y en un estudioso fanático de la historia del boxeo, comenzando una carrera empujada por el afán de alcanzar la gloria y dejar un legado histórico. El relato hilvanado de las aplastantes victorias y el ascenso, como amateur y luego como profesional, hacen la parte más jugosa del libro, donde se aprecia la gloria y la grandeza que Tyson tuvo como boxeador, hasta llegar a la inesperada derrota contra el ignoto Jim “Buster” Douglas, que marcaría un punto sin retorno en la vida del último gran campeón pesado. Luego seguiría su acusación y condena por violación de una menor, la prisión, el insatisfactorio y caótico retorno. La última parte del libro es probablemente la más aburrida, marcada por el ritmo de una adicción brutal a la cocaína.
El libro es una historia de un boxeador como no hubo otro, nadando en millones para ahogarse en la bancarrota, ícono mundial de la fortaleza implacable, animal de ring en estado puro dejando hasta lo último para alcanzar la grandeza de sus modelos: Durán, Dempsey, Alí, Louis. Es también un interesante testimonio de la vida de un negro exitoso en una sociedad racista que condena con un prejuicio indeleble a todos los afroamericanos, por grande que sea su legado. Un hombre que fue malo para nunca ser domesticado por esa sociedad que le exige bonhomía a los mismos que arroja a la cloaca.
Los oprobiosos días actuales de los pesos pesados hacen a su historia aún más grande y legendaria.